La Plaza de Santa María es una de las más armoniosas de los grandes Burgos de Europa. En uno de su límites, estratégicamente situado frente a la catedral, se encuentra este Mesón del Cid, en cuya planta baja estableciera su imprenta, en el último tercio del siglo XV, el maestro Fabrique Alemán de Basilea, discípulo de Gütemberg.
De sus prensas nació un incunable que se guarda en la Biblioteca de los Reyes de España, la Gramática de Andrés Gutiérrez de Cerezo, una obra que data de 1485. Y la primera edición de la Celestina (1499).
Partiendo de un pasado tan rico, respetando la fachada del edificio, restaurada con todo cuidado, lo que ha puesto de manifiesto parte de los muros del siglo XV, la familia López de Alzaga ha modificado el que fuera asador paterno, haciendo del edificio y de su cocina paradigma de la gastronomía castellana y del reposo en esta ciudad monumental, sin caer en modificaciones que alteren la estética del establecimiento, ni entrar en variaciones gastronómicas que nada aportan a una oferta tan sabrosa como consolidada.
Esta misma exquisita sencillez que define el Mesón del Cid y su entorno se aprecia en la cocina de Mª Luisa y Pepín López Alzaga e hijos, resumen de las buenas materias primas que han dado fama a las despensas burgalesas.